lunes, 29 de diciembre de 2014

Necesitas una Iglesia

Desde el principio de los tiempos, cada época ha representado para la humanidad muchísimas dificultades: Hambre, enfermedad, guerra, desolación. Todo esto siempre han estado presente. Hoy día, en pleno el siglo XXI, nos enfrentamos a las mismas dificultades, siendo más efectivos y eficientes en cuanto a destrucción se refiere. Hoy también contamos con medios de transporte que nos permiten dar la vuelta al mundo en cuestión de horas, o el comunicar imagen, voz y datos a cualquier punto del planeta a tiempo real. Esto al hombre (hombre o mujer) también le ha abierto el sendero de la soberbia, al permitirle pensar al hombre común que una religión se puede cambiar por ejercicios de espiritualidad, o que uno puede ser un ente independiente, en comunión con Dios, aislado, solo y de manera autodidacta. Esto último, el creer en Dios de manera independiente y aislada no tiene sentido, y mucho menos si uno intenta denominarse creyente o seguidor de Jesucristo, considerando que uno de los mensajes importantes de Jesucristo fue amar a nuestros semejantes, como a nosotros mismos.
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El creer en Dios no es simplemente gritarlo a los cuatro vientos y esporádicamente tomar una biblia y hojearla. Creer en Dios implica necesariamente formar parte de una congregación religiosa, porque es indispensable estar en contacto (y comunión) con otras personas. Entender quien es Jesucristo y quien es nuestro Padre Celestial, el entender el Plan de Salvación, lo importante de la vida en familia, la forma de ser digno de poseer el sacerdocio y el poder disfrutar del Espíritu Santo, todo esto no son cosas que se pueden conocer y disfrutar de manera aislada, o de manera autodidacta. Forzosamente necesitamos que otras personas nos guíen (Misioneros) y forzosamente necesitamos de una metodología para entender el evangelio y vivirlo en carne propia. Los manuales los tenemos (los libros canónicos – Antiguo y Nuevo Testamento), pero necesitamos de una guía para poder escudriñar las escrituras con orden. El entender el sacrificio de Jesucristo y su exaltación, y estar consientes de cómo nosotros participamos del Plan de Salvación, con nuestras familias eternas requiere de nuestra activa participación en una congregación religiosa o Iglesia. “Llegarán al conocimiento de su Redentor y de los principios exactos de su doctrina, para que sepa cómo venir a él y ser salvados” (1 Nefi 15:14).
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Sé que las personas desean sentirse seguras en un mundo de valores cambiantes. Desean tener paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero (D. y C. 59:23), pero no llegan a la verdad solo porque no saben donde hallarla (D. y C. 123:12). "La redención vienen en el Santo Mesías y por medio de él, y nadie puede morar en la presencia de Dios, sino por medio de los méritos, y su misericordia, y gracia del Santo Mesías" (2 Nefi 2:6,8).
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Yo llegue a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días buscando respuestas, y gracias a esa búsqueda por fin pude ser bautizado tres años después. Entre más leía y escudriñaba las escrituras, sabía que dirigía mis pasos por el camino correcto. Tuve la oportunidad de recibir al Espíritu Santo en el sacramento de la Confirmación, y nuevamente disfrute de la presencia del Espíritu Santo al recibir el Sacerdocio Aarónico, en el oficio de Presbítero. Y dentro de las responsabilidades del oficio de Presbítero tuve la oportunidad de participar en la consagración de la Santa Cena. Disfruto mucho el recordar toda esta serie de acontecimientos en mi vida, y al mismo tiempo siento la responsabilidad de ser digno en los llamamientos que se me hagan, y uno de ellos es estudiar y compartir las escrituras, porque el Señor ha dicho: “No intentes declarar mi palabra, sino primero procura obtenerla, y entonces será desatada tu lengua; luego, si lo deseas, tendrás mi Espíritu y mi palabra, si, el poder de Dios para convencer a los hombres” (D. y C. 11:21).
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Por lo anterior me atrevo a escribir estas líneas, porque el Espíritu Santo me guía a escribir que Jesucristo vino al mundo a darnos el mayor de los regalos, nos dejo su palabra y su intensión no era que estuviéramos solos o que fuéramos autodidactas. Jesucristo nos dejo su Iglesia porque quiere que formemos parte de ella, y que aprendamos su evangelio para vivirlo aplicándolo dignamente a nuestras vidas. En lo personal testifico que formar parte de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, me ha traído mucha paz y tranquilidad en mi vida, y ha sido la herramienta más poderosa que he conocido para resolver las necesidades y problemas de mi familia y de mi propia vida. La Iglesia me guía a ejercer mi derecho al libre albedrío de manera eficaz y eficiente.   
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Comparto lo anterior en el nombre de Jesucristo. Amén.
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Alvaro Romero
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domingo, 28 de diciembre de 2014

Testimonios para el Juicio Final.

Hoy, domingo último del año 2014, revisamos en la Clase de "Principios del Evangelio" el tema de "La Exaltación". Desde el día anterior que revise la lección, el Espíritu Santo me hizo una bella revelación: "En el Juicio Final, nuestros hijos son el principal testimonio de nuestro conocimiento y obediencia al Evangelio de Jesucristo". Si probamos que somos fieles al Señor, viviremos en el grado más alto del reino celestial; seremos exaltados para vivir con nuestro Padre Celestial en familias eternas. La exaltación es el don más grande que el Padre Celestial puede dar a sus hijos (D. y C. 14:7). Para poder disfrutar de la Exaltación, vamos a pasar por el Juicio Final y uno de los más fuertes testimonios de nuestra vida virtuosa y fieles al evangelio de Jesucristo es la forma en que tratamos y educamos a nuestros propios hijos. Es por eso que es importante que el primer templo de Dios sea el hogar, y que el ejemplo y cuidado diario a los hijos, forme en ellos a hombres y mujeres virtuosos, conocedores del evangelio, estudiosos de las escrituras y fieles al cumplimiento de los mandamientos y demás lineamientos indicados en la Iglesia por los Profetas.  
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Comparto lo anterior, en el nombre de Jesucristo. Amén. 
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Alvaro Romero,
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viernes, 26 de diciembre de 2014

La Dadiva

En este mes de Diciembre del año 2014, el calor de las reuniones familiares por las fiestas propias de la estación, nos permiten recordar el mayor regalo que la humanidad y cada uno de nosotros tenemos: La Dadiva. 



Comparto lo anterior, en el nombre de Jesucristo. Amén.
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Alvaro Romero.